La teoría del inconsciente que formuló Sigmund Freud supuso un hito para la historia de la psicología. Ese submundo extraño y fascinante generador de fantasías, de lapsus e impulsos incontrolados nos permitió por fin ver gran parte de los trastornos mentales no como enfermedades somáticas ni enfermedades del cerebro, sino como alteraciones puntuales de nuestra mente.
A día de hoy todavía hay muchos escépticos que ven con un punto de sutil ironía gran parte del trabajo del padre del psicoanálisis. Conceptos como la envidia del pene en la construcción de la sexualidad femenina, se ven como conceptos caducos e irrisorios, y no falta también quien concibe gran parte de su legado como un tipo de pseudociencia poco consistente con los hallazgos de la psicología experimental.
“El inconsciente es el círculo más grande que incluye dentro de sí el círculo más pequeño del consciente; todo consciente tiene su paso preliminar en el inconsciente, mientras que el inconsciente puede detenerse con este paso y todavía reclamar el pleno valor como actividad psíquica”.
-Sigmund Freud-
De hecho, estudios como el llevado a cabo por el doctor Peter Fonagy del University College de Londres pone en evidencia que el psicoanálisis es día de hoy una disciplina en conflicto. Muchos de sus tratamientos, por ejemplo, carecen aún de una validez empírica sólida. Sin embargo, para quienes sostienen estas ideas, es importante matizar una serie de reflexiones básicas. Cuando Sigmund Freud publicó por primera vez su trabajo sobre el inconsciente fue tachado de “hereje” por sus colegas.
Hasta ese momento la psiquiatría se sostenía sobre un férreo sustrato organicista o biologicista. Freud fue el primero en hablar de los traumas emocionales, de los conflictos mentales, de los recuerdos escondidos de la mente. Podemos sin duda ver con escepticismo alguna de sus teorías, pero no podemos menospreciar su legado, sus aportes y su enfoque revolucionario en el estudio de la mente.
Así, más allá de lo que podamos creer, el legado de Freud no tiene fecha de caducidad ni lo tendrá nunca. Tanto es así que a día de hoy la neurociencia sigue el camino de algunas de las ideas que el padre del psicoanálisis, postuló en su momento.
Mark Solms, un conocido neuropsicólogo y psicoanalista de la Universidad de la Ciudad del Cabo, nos recuerda por ejemplo que mientras la mente consciente es capaz de atender 6 o 7 cosas a la vez, nuestro inconsciente se ocupa de centenares de procesos. Desde los puramente orgánicos regidos por el sistema nervioso pasando también por gran parte de las decisiones que tomamos a diario.
Si rechazamos el valor y la relevancia que tiene el inconsciente en nuestra vida, rechazamos por tanto gran parte de lo que somos, gran parte de lo que queda por debajo de esa pequeña punta del iceberg…
A continuación profundizaremos en la teoría del inconsciente de Sigmund Freud.
El curioso caso de Anna O
Estamos en 1880 y a la consulta del psicólogo y fisiólogo austriaco Josef Breuer llega la que se considera “el paciente 0”. Es decir, la persona que permitiría a Sigmund Freud asentar las bases de la psicoterapia y a iniciar los estudios sobre la estructura de la mente y el inconsciente.
“El inconsciente de un ser humano puede reaccionar al de otro sin pasar por el consciente”.
-Sigmund Freud-
Hablamos de Anna O, seudónimo de Bertha Pappenheim, una paciente diagnosticada con histeria y cuyo cuadro clínico superó de tal modo a Breuer que pidió la ayuda de su colega y amigo Sigmund Freud. La joven tenía 21 años, y desde el momento en que tuvo que responsabilizarse de su padre enfermo, empezó a sufrir alteraciones tan graves como extrañas. Su comportamiento era tan singular que no faltaba quien se aventuraba a decir que Bertha estaba endemoniada.
Jean-Michel Quidonoz, reconocido psiquiatra y miembro de la Sociedad Psicoanalítica Británica, describió el caso en el libro Una exploración sobre los escritos de Sigmund Freud informándonos de lo siguiente:
- La verdad es que el caso de Anna O en sí mismo no podía ser más interesante desde un punto de vista clínico. La joven sufría episodios de ceguera, sordera, parálisis parcial, estrabismo ocular y, lo más llamativo, había instantes en que perdía la capacidad del habla o incluso se comunicaba con idiomas que no dominaba, como el inglés o el francés.
- Freud y Breuer intuían que aquello iba más allá del clásico histerismo. Hubo un punto en que Bertha Pappenheim dejó de ingerir líquidos. La gravedad de su estado era tal que el padre del psicoanálisis recurrió a la hipnosis para evocar de pronto un recuerdo: la dama de compañía e Bertha le había dado de beber del mismo vaso que a su perro. Tras “desbloquear” ese recuerdo inconsciente, la joven pudo volver a beber líquidos.
A partir de aquí las sesiones siguieron la misma línea: traer a la consciencia traumas del pasado. La relevancia del caso de Anna O (Bertha Pappenheim) fue tal que sirvió a Freud para introducir en sus estudios sobre histerismo una nueva teoría revolucionaria sobre la psique humana, un nuevo concepto que cambió por completo los cimientos de la mente.
Qué es la mente inconsciente para Freud
Entre 1900 y 1905 Sigmund Freud desarrolló un modelo topográfico de la mente mediante el cual describió las características de la estructura y función de la misma. Para ello utilizó una analogía que a todos nos es sobradamente familiar: la del iceberg.
- En la superficie está la conciencia, ahí donde concurren todos esos pensamientos donde focalizamos nuestra atención, que nos sirven para desenvolvernos y que utilizamos con inmediatez y rápida accesibilidad.
- En el preconsciente se concentra todo aquello que nuestra memoria puede recuperar con facilidad.
- La tercera y más importante región es el inconsciente. Es amplio, vasto, inabarcable a veces y misterioso siempre. Es la parte que no se ve del iceberg y la que ocupa en realidad, la mayor parte de nuestra mente.
El concepto del inconsciente de Freud no era una idea nueva
Sigmund Freud no fue el primero en hacer uso de este término, de esta idea. Neurólogos como Jean Martin Charcot o Hippolyte Bernheim ya hablaban a menudo del inconsciente; sin embargo, fue él quien hizo de este concepto el eje vertebrador de sus teorías, dotándolo de nuevas significaciones:
- El mundo inconsciente no está más allá de la conciencia, no es una entidad abstracta sino un estrato real, amplio, caótico y esencial de la mente, al cual no se tiene acceso.
- Ahora bien, ese mundo inconsciente se revela de muy diversas formas: a través de los sueños, en nuestros lapsus o en nuestros actos fallidos.
- Asimismo, el inconsciente para Freud es interno y es externo. Interno porque se extiende en nuestra conciencia y externo porque afecta a nuestro comportamiento.
Por otro lado, en Estudios sobre la histeria Freud concibió el concepto de la disociación de un modo diferente y revolucionario a como lo hicieron los los primeros hipnólogos como Moreau de Tours o Bernheim o Charcot. Hasta ese momento, este mecanismo de la mente donde se mantienen separadas partes que deberían estar unidas como son las percepciones, sentimientos, pensamientos y recuerdos, se explicaba en exclusiva por causas somáticas, por enfermedades del cerebro asociadas al histerismo.
Freud, vio la disociación como un mecanismo de defensa. Era una estrategia de la mente por la cual, apartar, esconder y sofocar determinadas cargas emocionales y experiencias en el inconsciente por el mero hecho de que la parte consciente, no podía tolerarlas o aceptarlas.

